martes, 18 de marzo de 2025

2025 VIAJE Sierra de Gata Y Portugal




Viaje a la Sierra de Gata  ( Caceres )


MAYO 2025 del 6 al 11

Dia 6 Martes
Mañana
Salida hacia Coria  donde comeremos  a las 14h30m , ( 13 Comensales , menú 20€) en restaurante Percor, después de comer visitaremos el pueblo de Coria

Tarde
Después de visitar Coria  seguiremos viaje a la Hospedería Conventual Sierra de Gata
en San Martin de Trevejo donde cenaremos
 11 comensales ( precio media pensión  doble 147.95€ , individual 105.5€ diarias )


Dia 7 Miercoles
Mañana
Después de desayunar en la Hospedería, nos desplazaremos a  Trevejo  donde visitaremos su castillo arabe  


al terminar visitaremos el pueblo Robledillo de Gata con su calzada romana y si nos da tiempo el mirador Chorro de los Ángeles
 Comida a las 14h30m  (13 comensales ) en el restaurante Estilo en Villas buenas de Gata 

Tarde
Después de comer visitaremos Santibáñez el Alto,  ciudad amurallada, y buenas vistas, al terminar regresaremos al hotel donde cenaremos ( 12 comensales )

Dia 8 Jueves
Mañana: Después de desayunar viajaremos a Portugal ,  visitando Idanha a Velha aldea histórica, Romana y Templaria

Después de la visita nos desplazaremos a Monfortiño para comer a las 13h 30m hora española en el restaurante  Campo de tiro Hercade que regenta la Sra. Gabriela con cocina típica Portuguesa reserva para 14 comensales a las 13h30 hora española

Tarde:
Visitaremos Penha García que es un pueblo espectacular , también en Penha Garcia tenemos contratado visita guiada, la ruta de los fósiles, es fácil el recorrido de unas 2 h y espectacular con molinos de agua funcionando.
reservado con el guía Francisco Grilo + 351 968991251 ( 14  participantes ) 147€
. 
Al terminar la visita guiada iremos a Caldeiroes atracción turística 

Mon Santo, aldea típica Portugesa con Castillo , después regresaremos al hotel para cenar 

Día 9 Viernes
Mañana ;
Después de desayunar viajaremos a Portugal  para visitar
O Sortelha en sierra da estelaque, es otra de las aldeas tipicas de Portugal.( 1h desde Trevejo ), 
despues de ver Sortelha 
 comeremos a las 14h 30 hora española 13 comensales en Trutalcoa +351271606227 criadero de  truchas, 9 han encargado bacalao.
Juan M, y Angelines
Angel L, y Mari Carmen
Felipa
Jesus
Jose
Paqui y Edu
Tarde:
Después de comer  regresaremos al hotel para cenar

Dia 10 Sábado
Mañana  :Después de desayunar visitaremos visitaremos Salvaterra do Extremo (Portugal). Reserva de la Biosfera en Tejo Internacional de la Unesco, después iremos al mirador Salto da Cabra desde donde veremos una colonia de buitres y en la lejanía el castillo de Peñafiel ( España )
Al terminar iremos a Zarza la Mayor donde comeremos a las 14h 30m en el restaurante Valle Grande 927370146  
Tarde:
Recorrido en barco a las 16 h  viajaremos a Celavin para tomar el barco Natura Turismo fluvial por el río Tajo ,   al terminar tomaremos un refrigerio en la cafetería junto al embarcadero y después regresaremos al hotel para cenar , antes de cenar daremos un paseo por San Martin de Trevejo

Dia 11 Domingo
Mañana;
Después de desayunar dejaremos las habitaciones y nos desplazaremos a Plasencia donde comeremos 
La comida será en el restaurante Plaza 30  tel 663242278  (7 comensales después de visitar la ciudad ),
Tarde:
Después de comer , daremos por terminado el viaje con regreso a Madrid


San Martín de Trevejo 
Es el nombre de este pueblo reconocido como el más bonito de Extremadura. Su ubicación, rodeada de densos bosques de robles y castaños, así como su cercanía al monte Jálama, lo convierten en un destino privilegiado para los amantes de la naturaleza y la tranquilidad.


Declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico-Artístico, podría alegarse así que este rincón destaca por la impecable conservación de su arquitectura tradicional.

Entre sus calles empedradas, se pueden observar viviendas de entramado de madera, granito y adobe, que reflejan una estructura medieval bien preservada. Las plantas bajas de muchas casas, que antiguamente funcionaban como establos, se han convertido en bodegas conocidas como «pichorras», donde se producen y degustan vinos artesanales.

En 2019, San Martín de Trevejo pasó a formar parte de la asociación Los pueblos más bonitos de España. Este reconocimiento destaca su valor patrimonial, su arquitectura y su capacidad para preservar tradiciones culturales.

¿Qué lugares se pueden visitar en San Martín de Trevejo?

San Martín de Trevejo no solo se caracteriza por su arquitectura, sino también por un rico patrimonio histórico y cultural. Entre los lugares más emblemáticos que se pueden visitar se encuentran:

  • La Iglesia Parroquial de San Martín de Tours: construida entre los siglos XVI y XVII, esta iglesia cuenta con tres naves y un retablo mayor del siglo XVIII. En su interior, destacan las tablas del pintor extremeño Luis de Morales, conocido como «El Divino».
  • El Convento de San Miguel: de origen franciscano, data del siglo XV y actualmente funciona como hospedería. Su arquitectura incluye tres naves y una cúpula central.
  • Casas-palacio: estas viviendas señoriales, con sus escudos de armas, están distribuidas por el casco histórico. Entre ellas, destaca la Casa del Comendador.
  • La plaza mayor: con soportales de madera y una torre-campanario del siglo XVI, es uno de los puntos centrales del pueblo.

¿Cómo es la cultura de San Martín de Trevejo?

Uno de los aspectos más curiosos de San Martín de Trevejo es su lengua autóctona, conocida como a fala. Este idioma, hablado también en las localidades cercanas de Eljas y Valverde del Fresno, tiene una antigüedad de más de ocho siglos y fue declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Extremadura en 2001.

La variante local de a fala se denomina «mañego», y su uso está profundamente arraigado entre los habitantes del pueblo.

Por otra parte, San Martín de Trevejo también es conocido por sus festividades tradicionales, que reflejan la cultura y las costumbres de la región. Entre las más destacadas están:

  • Fiesta de la Vendimia: celebrada en septiembre, incluye el pisado de la uva en la plaza mayor, acompañado de música y trajes típicos.
  • Fiesta de San Martín de Tours: en noviembre, los vecinos participan en una procesión y degustan vinos locales.
  • Fiesta de la Cruz Bendita: se realiza en mayo y combina actividades religiosas con celebraciones populares.

En estas festividades, los habitantes visten trajes tradicionales, cuya elaboración y diseño reflejan la historia y el folclore de la zona.

Así es la gastronomía en San Martín de Trevejo

La gastronomía de San Martín de Trevejo es otro elemento que no pasa desapercibido. Entre los platos y productos típicos destacan:

  • Ensalada de naranja.
  • Caldereta de cordero.
  • Aceitunas y aceite de oliva de la Sierra de Gata.
  • Vinos de la comarca.
  • Bizcocho mañego y miel.

Entorno natural y rutas turísticas del pueblo más bonito de Extremadura

El entorno natural de San Martín de Trevejo es otro de sus grandes atractivos. Rodeado por paisajes de montaña, acoge diversas rutas senderistas y lugares de interés, como:

  • Ruta de los Ameales: ideal para la observación de aves desde sus torres de observación.
  • Ruta de las Neveiras: recorrido por antiguas neveras o pozos de nieve.
  • Sendero Puerto de Santa Clara: subida por una antigua calzada romana que ofrece vistas espectaculares.
  • Lagares: restos de pilas excavadas en roca donde antiguamente se elaboraban el vino y el aceite.

Robledillo de Gata



El pequeño pueblo de Robledillo de Gata, en la provincia de Cáceres, invita a viajar por el pasado rural con sus casas de pizarra y sus saltos de agua.

Esté sí que es auténtico. Hay muchos pueblos que presumen de ser medievales pero donde buena parte de sus casas han sido reconstruidas. En cambio, en Robledillo de Gata pareciera que todo está igual que hace cincuenta años. O cien. O trescientos. Es un excelente ejemplo para conocer cómo era (y como es) la vida rural en este rincón de Extremadura.
Ya su nombre anticipa que se encuentra en la Sierra de Gata, una comarca de gran belleza paisajística en el extremo noroeste de la provincia de Cáceres, colindante con Portugal y la provincia de Salamanca. Es una región donde planean el buitre leonado y el buitre negro, en que la vida económica transcurre entre olivos y viñedos, y que tiene pueblos que hablan lenguas olvidadas, como San Martín de Trevijo.

Quien llegue a Robledillo de Gata no lo hará buscando grandes monumentos históricos, a pesar que hay datos que estuvo habitando desde el siglo XI. De hecho, el único que puede presentarse como tal es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que data del siglo XVI, donde su rasgo más destacado es el techo de la sacristía, decorado con un bonito artesonado mudéjar.  

 

O en todo caso, cabría añadir las ermitas del Humilladero, la de San Miguel de la Viña y del Cordero, construidas en los siglos XVI, que se encuentran en diferentes estados de conservación.


Los que llegan lo hacen buscando esa esencia de pueblo rural que se ha perdido en tantos lugares. Aquí, donde solo viven 94 personas, las casas son de adobe y madera, o a lo sumo de mampostería y recubiertas con lajas de pizarra; que repiten sus fachadas protegidas por entramados de madera. Sus colores son oscuros, o a lo sumo, tirando a una tonalidad ocre-siena.

 

Llama la atención lo pronunciados que son los aleros de madera, donde en las calles más estrechas -y son unas cuantas- terminan creando pasadizos en que apenas pasa la luz del sol. A ello se les suman detalles en común como puertas con dinteles, escalones de piedra y ventanas muy pequeñas. Los balcones, de madera, ocupan la fachada de lado a lado, donde es frecuente que haya piñas de maíz secándose al sol.

Como en los otros pueblos del valle, las casas tienen la doble función de vivienda y cuadra agrícola. En la primera planta se suelen guardar las herramientas de labranza, el aceite o el vino; mientras que en la segunda se ubica el centro de la vida familiar, la cocina, desde donde se distribuyen las habitaciones. En tanto, la tercera planta sirve de desván o despensa, donde por lo general casi no hay ventanas.

El trazado de Robledillo de Gata se adapta al terreno, donde muchas viviendas están sostenidas sobre estructuras de madera para permitir el paso del río Arragó, que a la altura de la calle Rúa crea una pequeña cascada que todo el mundo busca para fotografiar. 

 

En tanto, desde el este llega un arroyo que forma el salto de Regato Manadero, donde el agua corre cuesta abajo bañando las rocas. Si se puede explorar la zona, se descubrirán otros saltos de este curso que cada tanto emerge entre la densa vegetación de musgos.

A un par de minutos, en el cruce de las calles Campanario y Barreto, junto a la fuente de la Mota está el Regato del Barrero, otro pequeño salto ubicado a un lado de la antigua Casa Hospital Franciscana. Este recinto, del siglo XV, conserva un interesante esgrafiado en su fachada.

 

Si bien estas son las cascadas del pueblo, cerca hay otras cataratas para descubrir por la región, como la del Chorritero, con una caída de 70 metros; a la que se llega tras un trekking de 5 km por la Sierra de Gata y de las Hurdes.

Volviendo al pueblo, el curso del río Arragó fue aprovechado desde siglos atrás para la actividad agrícola, como se puede ver en el Museo del Aceite. El complejo se encuentra en el antiguo Molino del Medio, una almazara de origen medieval que funcionó hasta 1973. En 2004 reabrió como museo, donde se expone la maquinaria original y varios objetos relacionados con la cosecha de la oliva y la producción del aceite, donde nunca faltan las catas de las dos variedades de AOVE de la región.

 

Probar el aceite local es tan obligatorio como degustar los vinos y otros productos de la Sierra de Gata, como los derivados del cerdo o el queso de cabra. Más elaborados, y bien potentes, son los platos tradicionales como el cocido de garbanzos, la caldereta de cabrito, las migas, el asado de cordero y golosos postres y dulces como los bizcochos mañegos, las cañas rellenas o las floretas. Paisajes únicos y platos deliciosos, ¿qué más se puede pedir?


Hospedería Conventual Sierra de Gata 
Camino del convento s/n 10892 
San Martin de Trevejo telf. 927144021
Habitaciones dobles ( media pensión ) a 147.95 diarias
1 J. Manuel y Angelines ( media pensión )  739,75 €
2 Edu y Paquita               ( media pensión )  739,75 €
3 A. Luis y Maricarmen  ( media pensión )  739,75 €

Habitaciones de uso individual  a 105.5 diarias media pensión
1 Angel Cobos  (5 noches )  ( media pensión )  527,5 €
2 Pilar               (5 noches )  ( media pensión ) 527,5 €
3 Angel Cuevas (5 noches )  ( media pensión ) 527,5 €
4 Felipa              (5 noches ) ( media pensión ) 527,5 €
5 Jesus                (5 noches )  ( media pensión ) 527,5 €
6 Mabel              (5 noches ) alojamiento y desayuno 427,5 €
7 José Gutierrez (4 noches )  ( media pensión ) 422 €






martes, 13 de julio de 2021


 


Verano 2021  VIAJE AL NORTE




                    


RESERVAS DE HOTEL

 Hotel Canal 942717101
 en Unquera  entrada 28 Agosto salida 2 Septiembre , 5 noches 362 € con desayuno , se puede anular hasta el 26 de Agosto .

 Hotel Los Robles 984293987
en Cangas de Onis entrada 2 septiembre salida 7 septiembre, 
5 noches 240€ la doble y 216€ la individual 
sin desayuno se puede anular hasta el 31 de Agosto

DATOS DEL VIAJE
Dia 28 de Agosto
Mañana - salida hacia Cantabria

Tarde -Visita  el pueblo de Unquera
                                         Dia 29 de Agosto
Mañana - Por el desfiladero de la Hermida iremos a
- Fuente De
- Mongrovejo
- Potes  dí

a de mercado los lunes
Tarde - Monasterio de Santo Toribio

QUE VISITAR EN CANTABRIA



1 -En la zona cántabra de los Picos de Europa uno de los rincones más fascinantes es Fuente Dé. Sus prados, sus áreas recreativas y la posibilidad de recorrer diversos senderos en la zona, además de acoger el lugar de nacimiento del río Deva, tiene mucho que ver, pero es que aquí también te puedes subir a un teleférico que salva el desnivel entre la estación de Fuente Dé, a 1094 metros de altitud sobre el nivel del mar, hasta el Mirador del Cable, a 1847 metros de altura. Las vistas panorámicas desde este último no te decepcionarán.



MOGROVEJO
2 -Si sales de Potes, a una docena de kilómetros en dirección hacia Fuente Dé, encontrarás una aldea que hará volar tu imaginación por su entorno y belleza. Se trata de Mogrovejo, en el municipio de Camaleño, donde todavía se conservan sus casonas de entre los siglos XVII y XVIII. En sus fachadas destacan los escudos nobiliarios y rematando todo el conjunto se impone la torre medieval del pueblo, del siglo XIII.

BELEÑA
3 -Al final del desfiladero de la Hermida, el más largo de la península, hallarás otro rincón mágico en los Picos de Europa en Cantabria. Y es que aquí tienes la posibilidad de ver la iglesia mozárabe de Lebeña. Dice la leyenda que la construyó el conde Alfonso en el siglo X. Además, a su lado se alzan un olivo y un tejo milenario.


BULNES
4 -Bulnes es uno de los pueblos más bonitos de Picos de Europa. También resulta parada obligada para aquellos que se acercan a descubrir el impresionante Naranjo de Bulnes, uno de los sitios favoritos de los escaladores. Para contemplar toda la belleza del entorno, lo mejor es seguir la Ruta de la Canal del Texu, un sendero de montaña, de poco más de 3 kilómetros de longitud, que parte de Poncebos y finaliza en Bulnes.


ERMITA DE SAN MIQUEL

5 -En Liébana (Cantabria), además del famoso monasterio de Santo Toribio, encontrarás algunos rincones solitorios o boscosos llenos de magia, en donde se alzan diversas ermitas. Para no perderte ninguno, hay un sendero que te acerca a todas ellas por un espacio natural único.

Se trata de la Ruta por las ermitas del entorno del monasterio de Santo Toribio. Podrás descubrir la Cueva Santa, la mencionada ermita de San Miguel, con las vistas del valle del Deva y de Potes, la ermita de Santa Catalina, la ermita de San Juan de la Casería, la ermita de San Tirso y San Sebastián de Ojedo.




Monasterio de Santo Toribio de Liébana

 6 -El Monasterio de Santo Toribio de Liébana, está situado en el municipio de Camaleño, en una de los repliegues del monte Viorna. Su fundación pudo ser obra de Toribio el monje, natural de Turieno, que predicó en tierras palentinas durante el siglo VI y se retiró a las montañas de Liébana con un grupo de compañeros.

La iglesia actual ha sufrido muchas modificaciones. Tiene tres naves, en la cabecera existen tres ábsides poligonales y en el ábside izquierdo se puede contemplar una estatua yacente de Santo Toribio, del siglo XIV, realizada en madera de olmo, que se conserva en una urna de cristal, debido a que antiguamente los peregrinos se llevaban trozos de astillas de la talla.



Que visitar en Asturias

1 -Los lagos de origen glacial que encontrarás en las proximidades a la Santa Cueva y Santuario de Covadonga, otra de las visitas imprescindibles en Asturias, constituyen una parada obligada si quieres empaparte de la magia de los Picos de Europa. Se trata de los lagos Ercina y Enol, a más de 1000 metros de altitud sobre el nivel del mar. Puedes llegar hasta ellos en coche, aunque lo mejor es realizar alguna de las rutas de senderismo del entorno y asomarte a los miradores que encontrarás a tu paso.








Cangas de Onis

Dia de mercado el domingo




domingo, 9 de abril de 2017

Arboles singulares en Casa de Campo ( Madrid )




Ruta de los árboles singulares




La predilección especial que los urbanitas amantes de la naturaleza sentimos por la Casa de Campo, pues a píe o en bicicleta solemos encontrar verdadero placer en pasear en cualquier época del año por sus caminos y senderos, dejándonos llevar sin rumbo predeterminado o buscando intencionadamente la localización de este o aquel elemento de flora, fauna u orografía existente, así como algunas de las curiosas construcciones y restos históricos que contiene.

En esta ocasión propongo localizar los denominados “arboles singulares” de la Casa de Campo , aquellos ejemplares repartidos por su territorio merecedores del calificativo de singularidad por motivaciones diversas, como su peculiar aspecto, su altura, el diámetro de su copa, el perímetro de su tronco o su antigüedad). Estos árboles, de los que yo identifico aquí 16 (creo que hay alguno más, pero aún no he descubierto su señalización sobre el terreno) están señalizados con un cartel de madera, -similar al que ves en la foto adjunta-, en el que se indican las características más destacadas del mismo.

Sugiero que si te interesa hacer este paseo en un solo día lo hagas en bicicleta, pues el circuito es relativamente amplio y puede llevarte algo de tiempo completarlo (como referencia decir que en bici requeriremos unas 2,30 horas a pedalada tranquila e incluyendo breves paradas junto a cada árbol para su contemplación y lectura de la información respectiva contenida en el cartel).

Intentaré seguidamente dar pistas claras para localizar cada uno de los árboles singulares, aunque deberás poner ojo avizor sobre el terreno, pues no siempre te será fácil la localización de los carteles. Tómatelo como un juego de ginkana y disfrutarás adicionalmente del paseo.

El recorrido que propongo comienza en la entrada principal de la Casa de Campo, es decir, en la Puerta del Rey, y continúa por el lado derecho del Lago para coger el denominado Paseo de los Plátanos y más o menos en línea recta, pasar junto al Zoo para llegar a la otra punta del Parque, junto a la Puerta del Zarzón. Retomaremos desde allí el camino de regreso, desviándonos en algún momento brevemente para descubrir algunos árboles más. ¿Estamos preparados?. Pues entonces, estos son los árboles a buscar y las indicaciones para localizar los carteles que les identifican:
  1. Cedro del Reservado: Al entrar en la Casa de Campo por la Puerta del Rey, a la derecha, junto al antiguo Palacio de los Vargas, se encuentra el recinto del Reservado y al poco de entrar en el mismo, tras las casetas de obra actuales, se ve nuestro grandioso árbol sujeto por fuertes tirantes metálicos.
  2. Plátano Gordo:  Atravesamos el Reservado y salimos por su puerta alta, la que está más próxima al estanque del Lago. Bordeamos este por su parte derecha y, llegando a los primeros merenderos, lo veremos en el lado del agua.
  3. Taray del Humedal: Está en el gran aparcamiento de coches junto al Lago, lo que sin duda influye en su decrépito estado. Localízalo en el borde del aparcamiento más próximo a la carretera de acceso al mismo.
  4. Pino del Pinar de las Siete Hermanas:  Toma el camino asfaltado a la derecha del aparcamiento, -el denominado Paseo de Plátanos-, y todo recto , tras pasar una primera glorieta y las cadenas de la subida en coche al Teleférico (nuestro recorrido está cerrado a vehículos motorizados) encontramos a la derecha el Pinar de las Siete Hermanas.
  5. Cedro de la Glorieta de Los Caños: Continua recto por el camino asfaltado que traíamos, pasa la glorieta de Trillo (a la que volveremos a referirnos más adelante) y sigue por el camino de la izquierda hasta la siguiente glorieta, que es la nuestra. El árbol está en el centro y el cartel justo antes de la misma, a la izquierda.
  6. Encina del Puente de Hierro:  Volvemos por el camino que habíamos traído pero ahora, antes de llegar nuevamente a la Glorieta de Trillo giramos por la desviación que encontramos a la derecha y que nos aproxima a la carretera del Zoo. Nada más atravesar el llamado Puente de Hierro que cruza sobre el arroyo Meaques, veremos a la derecha nuestra hermosa Encina.
  7. Roble del Puente de Hierro:  Está próximo al anterior, a su derecha y cerca del arroyo.
  8. Fresno del Arroyo Meaques (árbol del Ahorcado):  Debemos ir hasta el Zoo y para ello, desde nuestra  posición anterior, seguiremos hacia la izquierda el sendero que hay junto al Roble y que nos lleva a un parque infantil con un curioso gran tobogán (¡quien fuese niño!). Continuamos por la izquierda y llegamos a la entrada del Zoo. Recorremos todo el frente del mismo hasta el final, en cuya esquina veremos los restos de una Ermita, y nada más doblar la esquina, dejando a la derecha la tapia del Zoo, veremos un ancho camino de tierra a nuestra izquierda. Podemos tomarlo o coger el sendero que hay a la derecha de este y antes del arroyo. Como a cuatrocientos metros encontraremos nuestro árbol (más facil de ver quizás si tomamos el sendero indicado).
  9. Encina del puente de la Culebra:  Seguimos avanzando por nuestro camino y al poco llegaremos al puente de la Culebra, construcción interesante de la que volveré a hablar en otra ocasión pues ahora como se dice vamos a Rolex, ¡Oh, perdón!, quise decir que vamos a árboles singulares, y el nuestro está frente al puente, junto al camino ancho antes mencionado.
  10. Encinas del Batán:  Cruzamos el puente y tomamos el camino asfaltado que, hacia la derecha, nos devuelve al Zoo. Pasamos nuevamente ante la entrada principal y seguimos recto por cualquiera de los senderos junto a la carretera (este tramo está abierto al tráfico) hasta que vemos, a la derecha y en alto el recinto de El Batán (donde se llevaban los toros antes de las corridas). Veremos el cartel al comienzo del área de aparcamiento que hay delante del recinto.
  11. Encina de la Glorieta de Trillo: En la intersección entre la carretera del Zoo y la que separa el recinto del Batán del Parque de Atracciones, tomamos el tramo que cruza por un puente de piedra el arroyo Merques y, al poco, estamos nuevamente en la Glorieta de Trillo. Nuestra encina está en el centro, pero el cartel lo debemos buscar junto a la indicación del árbol siguiente.
  12. Encina del Fraile:  Tomamos en la Glorieta de Trillo el camino asfaltado a la izquierda (dejamos en medio el camino de tierra que lleva a la puerta de Somosaguas). Es la antigua Carretera de la Ciudad Universitaria y justo nada más tomarla, a la izquierda, algo separada de la carretera, veremos la encina y el cartel.
  13. Encina de la Manzana: Avanzando por la carretera de la Ciudad Universitaria encontramos, tras unos 500 metros, una curva a la derecha y en la parte izquierda de la misma una explanada replantada (fue aparcamiento cuando los coches lo invadían todo) de la que sale un camino de tierra que lleva al Pinar del Santo. A la derecha de esta área encontramos la encina mencionada.
  14. Encina del Santo: Adentrándonos en esta antigua explanada por su lado derecho y llegando al final de la línea de pibotes existente, a la derecha, algo separada encontraremos esta hermosa encina (es la que se ve en la primera foto de esta entrada de blog).
  15. Pinar del Santo: Encontramos el cartel indicativo volviendo a bajar hacia la zona de la explanada, un poco hacia la derecha y junto al camino de tierra mencionado que lleva hasta el Santo.
  16. Pino del Embarcadero: Regresamos a la carretera asfaltada y desde ella a la glorieta de Trillo, tomando allí la carretera de la izquierda, que ya recorrimos y que nos llevará de nuevo, pasando por el pinar de las Siete Hermanas, hasta el Lago, pero esta vez siguiendo recto por el paseo de los Castaños, con lo que apareceremos en el aparcamiento por su lado derecho. Continuamos recto dejando el estanque a la izquierda (este último tramo de carretera está abierto al tráfico nuevamente, por lo que podemos optar por ir por uno de los laterales). Tras la curva en ese de la carretera, en la bajada encontraremos a la izquierda el pino mencionado. Finalizaremos nuestro recorrido saliendo ya, tras la recta junto al Reservado, por la Puerta del Rey en la que habíamos iniciamos nuestro circuito.
Si quieres algo más profesional, te recomiendo el mapa de la Casa de Campo y del Anillo Verde Ciclista (autores: Luís López Vázquez y Miguel Ángel Delgado) que se comercializa en tiendas especializadas en cartografía y libros de viaje. Creo que cuesta 7 euros.
Por último, indicar también que el Ayuntamiento de Madrid organiza de vez en cuando algunas visitas guiadas, entre las que se incluye la de árboles singulares del recinto. Hacerlo por tu cuenta, como yo he propuesto, tiene su encanto, pero seguramente con visitas tutorizadas por profesionales como la indicada profundizarás más en el conocimiento botánico y medio ambiental. 
Centro de educacion ambiental 
Casa de Campo
Dirección: Paseo Puerta del Angel, 1, 28011 Madrid
Teléfono:914 79 60 02
Tamaño: 1.722,6 ha
Inauguración: Se abrió como parque el 1 de mayo de 1931
Tipo: Parque público
Creación: Siglo XVI



Texto copiado de internet  y posterior editado     Copyright A. Cobos Vargas

lunes, 16 de enero de 2017

Bares de Madrid





Los mejores bares de toda la vida para tomar una caña en Madrid

      
  

Los bares de siempre están de moda. Hablamos con los responsables de algunos de los locales más míticos de la capital para saber cómo han conseguido ser fieles a su esencia y conquistar al público joven sin tener wifi.


Los mejores bares de toda la vida para tomar una caña en Madrid
Interior de la taberna El Maño.
Bodegas El Maño (Calle La Palma, 64)



Llegó a haber nueve bodegas El Maño. Ahora solo queda una en La Palma, 64.
 La actual propietaria, Marisol Muñoz, cuenta la historia. “El nombre de El Maño se lo puso su fundador, Francisco Martínez, a mediados de los años 40 del siglo pasado. Él se dedicaba a traer el vino de Aragón mientras sus empleados de confianza se encargaban de venderlo en las bodegas. Era una especie de franquicia de entonces”, explica Marisol. El vino se almacenaba en el sótano en tinajas y lo vendía en la parte superior, en el bar. Las tinajas ahora son parte de esa memoria del Madrid castizo que ha logrado conservar este y algún otro local de la capital.
Cuando Marisol llegó a El Maño llevaba un año y medio cerrado. Había pasado de unas manos a otras hasta que acabaron bajando la persiana. Fue una época “complicada” para Malasaña, a finales de los 80 y principios de los 90. A partir de ahí, La Palma se convirtió en lo que ahora es la calle Pez, la calle de moda del barrio de moda. Y ella aprovechó el tirón.
El Maño se convirtió en un sitio al que había que ir, ya fuera a tomar una caña, un vermú o a comer alguna de las raciones que ella misma prepara, y que son las mismas desde que abrió en el 94, y nada de cocina moderna.
 Aquí se comen bravas, albóndigas, pisto o “croquetas, que tienen mucha fama”.
El Maño “no es un bar de viejos, aunque hay gente mayor”. La mayoría del público “ronda los 30 años”, algo menos los fines de semana. Los clientes son, más o menos, los mismos que cuando llegó hace ya más de 20 años. “La gente es muy fiel a El Maño, por eso me gusta este sitio”, agradece.
No hizo una gran reforma cuando llegó y tampoco se plantea hacerla ahora. Mientras ella siga al mando, continuarán los mármoles, la escayola del techo, los espejos de las puertas, de las baldas de las bebidas… “Esa es la gracia, que no es un bar nuevo, de estos ya no los encuentras. No ha perdido la esencia”.

El Palentino.
Foto:
Laura Móvil / Cortesía de Tentaciones

El Palentino (Calle Pez, 12)
El Palentino es un clásico y uno de los pocos madrugadores de Malasaña. Dolores sube la persiana del bar a las siete de la mañana. Ella es vecina desde hace “50 años” y cuenta que el bar ha cambiado como lo ha hecho el barrio y, en este céntrico y podría decirse hípster barrio madrileño, quedan “seis o siete” vecinos de siempre y ya han perdido la costumbre de ir a merendar. Así que en El Palentino “todo es juventud” que llena el lugar hasta las dos de la mañana. Jóvenes, modernos y gente conocida. “Aquí viene todo el mundo y yo a la mitad no los conozco porque de verlos en la tele a verlos en persona hay mucha diferencia”, argumenta con el desparpajo que le da la experiencia de estar detrás de la barra.
Desde Esperanza Aguirre, a Eva Hache, Pablo Carbonell o Andrés Calamaro, hace recuento de a quiénes ha atendido al otro lado del mostrador de El Palentino, el típico bar de luces de neón, barra metálica y suelo de gres. Ha cambiado poco. “¿Para qué si así nos va bien?”, se pregunta. Y tiene respuesta: “Si lo cambias, lo matas”, asegura y aconseja a futuros propietarios.
Antes de que nada de esto pase, Álex de la Iglesia lo lleva al cine en su nueva película El bar, en la que El Palentino se llama El Amparo.
Y mientras Dolores hace repaso de la historia, ajena a la popularidad del establecimiento, un camarero le llama la atención por pararse a hablar mientras el bar va llenándose. Ella protesta ante la queja, que para algo es la dueña (junto a Casto Herrezuelo, hermano del marido de Dolores, Moisés) y la excepción en El Palentino, ella es la única de la familia que es de Mondoñedo. El resto, “todos palentinos”.
Bodegas Rivas (Calle La Palma, 61)
Julio Rivas Ortiz de Zárate fundó las bodegas a las que puso su apellido en 1923. 92 años más tarde, después de que la familia se desprendiera del negocio que durante un tiempo regentó Librado Martín Carrillo, un antiguo empleado de los Rivas, lo que Julio temía era que desapareciera lo que él había levantado con tanto esfuerzo. José Abreu, el nuevo responsable del establecimiento, le aseguró que aquello no pasaría. “Cuando Julio vuelve a sentarse en su bar, ahora al otro lado de la barra, reconoce la bodega como la de siempre. Estoy satisfecho con el cambio, porque hemos conservado el ambiente antiguo, pero adáptándolo a un nuevo tiempo”, sostiene el encargado de Bodegas Rivas en esta nueva etapa.
Las tinajas por las que suele preguntar Julio, que entonces servían para conservar el vino que después vendían a granel, ahora son parte de la decoración. El vermú ya no se prepara con las máquinas antiguas que guardaban en el sótano sino que se sirve de grifo. Y el silencio o el murmullo del paisanaje de otros tiempos se ha sustituido por la música de Beyoncé o Lady Gaga cuando cae la noche y los jóvenes llenan el bar. Algunos de los clientes de toda la vida suelen acudir aún por allí y recordar “cuándo se conocieron” o lo que han cambiado las cosas desde que Julio dejó la barra de una de las bodegas más tradicionales de Malasaña.
Pero sus nuevos dueños han querido conservar la tradición que heredaron de los fundadores añadiendo un toque de modernidad, “que la gente sienta que el negocio ha evolucionado”. Quien lo conociera antes y haya vuelto en los últimos meses apreciará la diferencia porque, entre otras cosas, “está todo limpio y hemos cambiado la iluminación de dentro y de fuera”. Todo, unido a una especie de “museo en homenaje a los cuerpos de seguridad que nos protegen, sobre todo a bomberos”, con utensilios e indumentaria.
En la oferta gastronómica también hay avances. Soldaditos de pavía o paella de tapa pero también hamburguesas o platos combinados, que estos también vuelven a estar de moda.

Bodega La Ardosa.
Foto:
Cortesía de Bodega La Ardosa
Bodega de La Ardosa (Calle Colón, 13)
Fundada en 1892 por Rafael Fernández Bagena, propietario de viñedos en La Ardosa en Toledo “está entre las cinco bodegas más antiguas de Madrid”, dice su actual gerente Víctor Díaz.
La marca La Ardosa llegó a tener más de 30 establecimientos. Ahora quedan tres y cada uno tiene un dueño diferente. Este, en al número 13 de la calle Colón, en Malasaña, es el más popular. Estar en una de las calles de moda, ayuda. Esto, sin embargo, es relativamente reciente. “De los 80 a ahora el barrio es otra galaxia”, cuenta Víctor que trabaja codo con codo con Ángel Monje, el propietario. Él y su familia, son parte de la historia del negocio. Su padre lo compró en 1970. Ángel, su hermano Rafael y su madre, Conchita, se pusieron tras la barra en el 79. Montaron el primer grifo Guiness de España. Y Sebastian, de la entonces República Federal Alemana, tiene el récord de entre los bebedores de La Ardosa por haber consumido 14 pintas en 3 horas y 22 minutos el 25 de agosto de 1989, reza un cartel entre la profusa decoración, compuesta por cuadros de toros, toreros, un farol y muchas botellas.
El que vaya por allí, que pida “un vermú o una cerveza y un pincho de tortilla o unas alcachofas”, que han recibido incluso premios, recomienda Víctor a su clientela “multiedad”, con mayores “de mañana y de tarde” y jóvenes “más de noche”, con turistas “y mucha gente del barrio” que acude a este local protegido con una atracción bastante particular: hay que pasar por debajo de la barra para llegar a la parte de atrás de la bodega. Es algo que hay que hacer con frecuencia porque La Ardosa siempre está llena. Tanto, que Ángel y Víctor se han expandido al local de al lado: ‘Casa Baranda’ donde lo típico son los vinos generosos. Abierta por Paco Manteca en 1919, estuvo cerrada “70 u 80 años” hasta que llegaron sus nuevos propietarios  y “con material centenario” la rescataron del olvido.
Taberna de Ángel Sierra (Calle de Gravina, 11)
Hace ya casi 20 años que Felipe Gallego regenta la mítica Taberna de Ángel Sierra, en la plaza de Chueca, exactamente en Gravina, 11. Era cliente del bar cuando Ángel Sierra (el hijo del fundador) falleció y durante una época lo regentó su hermana, Carmen y la viuda de Sierra Elvira. Era un lugar evidentemente “en decadencia”. A pesar de ello, a Felipe le gustaba. También a Pedro Almodóvar que lo eligió para una escena de La Flor de mi secreto.
Un día, Elvira, le ofreció a Felipe la posibilidad de que se hiciera cargo del negocio, y así fue cómo comenzó la nueva etapa de la taberna. Cuando el actual propietario quiso componer la memoria del bar, no lo consiguió en su totalidad. Elvira ya no vivía en su piso de la calle La Palma y Carmen Sierra había vendido el que tenía frente al bar.
Aun así, sabe que en 1910 aquí ya había una taberna cuyo dueño se llamaba precisamente como él, Felipe; y que en 1917 se la vendió a Ángel Sierra que, agraciado por la lotería, la reformó dándole el aspecto que ha mantenido hasta la actualidad. Compró los azulejos en La Cartuja de Sevilla y trajo la madera de Cuba.
Felipe perdió detalles de la historia pero hizo que el establecimiento recuperara el lustre. Invirtió un año en la restauración, “en hacer una obra de arte” con las pinturas, las maderas, los cristales serigrafiados, las lámparas, el suelo de la barra… “Le dio una alegría” y el público que tenía le aplaudió quedándose. Poco a poco fue añadiendo nuevo, más joven, de entre 30 y 40 años, “una juventud entrada en años, gente formal que da un ambiente muy majo”. Y así fue cómo “conservando todo lo que tenía puse la taberna en su tiempo”, cuenta satisfecho su dueño que aconseja tomar el vermú Iris que elaboran “de manera artesanal” en Reus para “muy pocos clientes”.
Vinícola Mentridana (Calle San Eugenio, 9)
Andrea D’ Ovidio, actor y director de teatro italiano, llegó a Madrid hace algo más de una década y se afincó en el entorno de Tirso de Molina. Poco después conoció Vinícola Mentridana, en el número 9 de la calle San Eugenio, bodega abierta en los años 20 por Manuel Calvino Martínez para vender el vino que traía de Méntrida, en Toledo.
Por aquellos tiempos, sin embargo, regentaba la taberna Unn, una mujer sueca. Ella le contó que cuando cogió el establecimiento, en 1999, tras una época en el que lo gestionaron varios miembros de la familia Calvino, quiso darle un toque personal. Le puso madera, llevó pinturas, esculturas y colocó tacones de zapatos por percheros. Así, con esa “combinación curiosa que permite reconocerle como un bar de toda la vida”, pasaron los años, con Unn tras la barra y Andrea como cliente. “Era mi bar. Donde pasaba las horas, acudía solo o con amigos… Hasta que un día la mujer quiso dejarlo y esperar tranquila la jubilación”. Andrea, que estaba algo cansado de su trabajo y acababa de recibir una herencia, lo vio claro. “Lo cogí porque estaba enamorado del sitio, no era un bar cualquiera”, cuenta. De ahí que mantuviera todo más o menos como lo dejó Unn.
Aunque la estética del local, dice, es algo más que la de un bar típico madrileño, puede que la mayor mezcla esté entre el público. “Puedes encontrar gente mayor de toda la vida del barrio y gente joven. Un grupo de guiris, una maruja y un grupo de modernos, gente del cine, del teatro, escritores…”, describe el actor metido a tabernero. “Eso es lo que siempre me ha molado de la Mentridana que tiene un toque bohemio pero de verdad”. Pronto podrán verlo en un anuncio de cerveza que acaba de rodarse en el interior.
Aquí, su dueño aconseja una tosta, la que prefiera el comensal, y una cerveza o uno de sus vinos, solo españoles. Ahora en invierno, un vino caliente tampoco es mala opción.

El interior del Benteveo.
Benteveo (Santa Isabel, 15)
El Benteveo es un escenario recurrente de la serie de TVE El ministerio del tiempo. “El bar tiene un rollo medio atemporal, como de los 70” y eso ha dado pie a que “se hayan rodado un montón de cosas”. También aparece en la película de Jonás Trueba, Los ilusos de 2013. Será por el “rollo” como dice Federico Herrera, uno de sus propietarios, o porque tienen cierta relación con el mundillo del cine. Otro de los tres socios del Benteveo, Alberto Ammann, ganó el Goya en la categoría de Actor Revelación por su actuación en Celda 211. De hecho, el Benteveo existe por él.
Federico, Alberto y Esteban Giampieri, un profesor de inglés, un actor y un contable, decidieron dejar Córdoba (Argentina) de donde son oriundos hace unos 15 años. Desde entonces quisieron montar algo juntos pero no fue hasta el día que Alberto les llamó y les dijo: “Chicos si quieren, ahora es el momento”. Y, desde luego, que quisieron. De esto hace ya cinco años.
Federico, quien repasa la historia del ahora Benteveo conocía el local y le gustaba a pesar de ser “un sitio difícil, abandonado y algo grasiento”. Preparaban una paella los domingos y solía parar por allí. Se llamaba Los Nogales y lo llevaba una familia desde hacía más de 20 años. Antes fue El Chuletar, creen por un cartel antiguo que encontraron. Y en algún momento de su historia fue una casa de putas, según contó uno de los vecinos mayores del lugar.
“El rollo estético que tenía cuando lo cogimos iba con nuestra idea” y decidieron mantenerlo más o menos como estaba. “Nos da pena ver sitios de toda la vida que se cambian totalmente porque así es como se va perdiendo la identidad de las ciudades”, piensan.
Retiraron la máquina de churros, la tragaperras, los azulejos, la encimera de la barra, cambiaron la iluminación, compraron mobiliario que podría encajar con la época a la que pertenece el bar, le pusieron música y lograron “un airecito nuevo”. Al principio consiguieron mantener a los parroquianos que seguían yendo a jugar al mus y al dominó, pero acabaron marchando. Llegaban nuevos tiempos y también nuevos clientes. “Coincidió con que la calle se puso mejor y empezaron a venir muchos artistas, matrimonios jóvenes, gente muy simpática para configurar una clientela muy guay”, describe.
Comen el lomito, un bocadillo típico de Córdoba, Argentina, que es un bocadillo de filete de ternera, queso, jamón, lechuga y tomate a la plancha; y beben cerveza, vermú y fernet, un clásico argentino. El nombre, Benteveo, también hace referencia a los orígenes de los tres artífices de la taberna. Es un pájaro muy típico en su ciudad y una palabra que “da juego” en la nuestra. Y ese era el objetivo.
Bodegas Lo Máximo (Calle San Carlos, 6).
En los años 50, Máximo abrió su bar, uno de los primeros de Lavapiés en los que empezaban a ponerse “gambitas” para acompañas a las cañas de cerveza y al vermú que el dueño fabricaba en el mismo local. “Es de los primeros bares de Lavapiés así, del estilo de Madrid”, cuenta Piluca Aranguren, una de las tres propietarias y cantante. Formaba parte de Amparanoia y ahora, de cuando en cuando, coge el micrófono y se sube al pequeño escenario que montaron en Lo Máximo y por el que pasaron, cuando la ley lo permitía, Manu Chao, Kiko Veneno, Fermín Muguruza, Macaco, Ojos de Brujo o Tonino Carotone.
Al nombre, Bodegas Máximo (después de él lo llevó su hijo, Paco, que había nacido en el bar y más tarde su mujer), le añadieron el artículo lo, que era lo que necesitaba para asegurarse el éxito. Era el año 2000, y aunque el bar “había decaído mucho”, Piluca, Mamen Fuertes y Elena Ros, que trabajaban en el bar de al lado, miraban a Máximo de reojo, pensando que dándole un buen lavado de cara conseguirían sacar adelante su bar que definen como “un espacio diferente dentro de un bar clásico”. Y lo hicieron. Conservaron parte de la clientela, incluso volvieron algunos que al principio no se fiaban del cambio, y se unieron los amigos y conocidos de las chicas. “Venía gente que tenía que ver con nosotras”: una cantante, una fotógrafa y una circense que han logrado que Bodegas Lo Máximo haya sido “un islote que se ha mantenido a flote”, a pesar de los vaivenes del barrio. Ahora que vuelve a cambiar, ellas siguen sin especializarse en un público o un estilo. Se puede ir “con buena compañía o solitario” a tomar “una caña madrileña”. Dice Piluca que el suyo es un “bar sin pretensiones en el que uno se siente como en casa”.

Casa Camacho.
Casa Camacho (Calle San Andrés, 4)
Miguel Ángel, Santiago y Jesús González Pérez son hermanos y propietarios de Casa Camacho. Antes, fue su madre, Gloria y antes que ella, hubo otra dueña. “Aquí fueron todas mujeres”, de ahí que el apellido Camacho se perdiera entre los sucesores de los fundadores. Miguel Ángel recuerda a Carmen Camacho Iglesias como la primera, pero “creo que hubo otra antes” porque antes de que abriera Casa Camacho en el número en 1929 ya había un almacén de aguardientes. Estos hermanos son la cuarta generación a cargo del establecimiento “y la quinta ya está en camino”, aseguran.
Cuando los tres llegaron, en 1980, la clientela empezaba a cambiar. Los protagonistas de la llamada Movida madrileña comenzaban a llenar los establecimientos malasañeros. De la misma forma, dejaron de ir los vecinos de siempre. El público mayor se reemplazó por uno mucho más joven. Y desde entonces, la clientela se “renueva” cada lustro, más o menos lo que tardan los estudiantes en acabar la Universidad.
Acuden a esta “taberna típica” cuya especialidad es el vermú de grifo. La bebida tiene varias particularidades. Una es que lo fabrican los mismos dueños únicamente para su local en una antigua fábrica de Reus. Otra, es el sifón que le añaden, hecho por una saturadora que lleva allí desde que abrió la taberna. Todas las noches llenan la máquina, la única que queda en la capital, de agua y al día siguiente “está concentrado”. Se ha producido anídrido carbónico y la mezcla sale a “18 atmósferas de presión”, lista para preparar el famoso ‘yayo’, cuenta Miguel Ángel; un cóctel a base del vermú, ginebra y gaseosa.
“El yayo con unas aceitunas es obligatorio”, recomienda uno de los dueños de este local que ha logrado mantener la estética y, como el anterior, también hay que pasar por debajo de la barra. En este caso, para el ir al baño. Solo uno, nada de uno para cada sexo. El tiempo aquí no ha impuesto la separación. Ha permanecido también la barra de estaño, los azulejos, incluso una botella de Terry de “4 o 5 litros”, con su malla de cuerda y su corcho lacrado que compró la primera dueña, quizá para celebrar la inauguración de la bodega.
Bar La Mancha (Miguel Servet, 13)
Si las paredes del bar La Mancha hablaran, no pararían de contar historias. Tras el cierre de La Bovia (puede verse con detalle en la película de Almodóvar Laberinto de pasiones) “este se convirtió en el bar de los modernos durante años”, recuerda Carlos Alcolea dueño junto a José Manuel Bautista de La Mancha desde 1986. En los primeros años iba “gente alternativa, de la Movida”, era un sitio donde podías encontrar “desde un punki a un político”. Ese ambiente “es lo que hemos intentado mantener solo que ha cambiado mucho y los punkis escasean pero políticos y alternativos siguen viniendo por allí”.
Cuando abrieron, Lavapiés era “un mal barrio”, ahora empieza a ponerse de moda. Aun así, La Mancha consigue conservar ciertas tradiciones adquiridas en estos años. “Las Nochebuenas y Nocheviejas se reúne aquí toda la clientela para felicitarse las fiestas”. Las noches de Reyes, sin embargo, ya no se pasan a base de cava. Las fiestas se les iban de las manos y tuvieron que dejar de hacerlas, aunque muchos aún las recuerdan y algunos siguen preguntando por ellas. “Fue divertido”, piensa Carlos mientras se acuerda de cuando montaban en la puerta un escenario para las fiestas del barrio y asiente: “Otros tiempos” que ha visto la clásica bodega que resiste desde 1935. Antonia y Manuel Arias Delgado fueron los fundadores de la bodega en la que vendían vino a granel y vermú de grifo.
Poco ha cambiado en La Mancha: se han mantenido los azulejos e incluso los cristales aunque algunos estén rotos. Es como si a través de ellos entrara aún la esencia del antiguo bar.
Casa Gerardo (Calle Calatrava, 22)
Gerardo regenta Casa Gerardo con su hermano Paco y su padre, el auténtico Gerardo. Éste último cogió la taberna en el 57 pero su historia se remonta a 1925. Gerardo, sin embargo, sabe cómo era antes de que lo empezara a regentar su progenitor. Era “un negocio donde se vendía vino a granel”, cuenta y como testigo quedan seis tinajas de cuatro arrobas y otras tres de 1.400 litros en un local que “hemos mantenido más o menos igual”.
Los propietarios lo conservaron entendiendo que “tenía el glamour adecuado”, con sus mesas de mármol, sus azulejos y sus cuadros del Atleti. Y eso, a pesar del paso de los años y de las costumbres. Porque el vino dejó de venderse a granel, luego llegó “la moda del cartón” y después el negocio se fue convirtiendo en algo mucho más sofisticado. “En la época de mi padre era impensable que alguien se tomara una copa de cava y ahora diez tipos de cava. Antes había dos o tres vinos y una cerveza. Ahora tenemos 50 referencias de vinos y 30 de cervezas artesanas, además del vermú de Reus y 30 clases distintas de quesos artesanos” que ampliarán a 80 en las próximas jornadas de queso que organizarán avanzado el mes de enero. “Hemos escuchado al bar y al cliente. Hemos estado abiertos y tenido iniciativa para probar cosas nuevas”.
Desde luego, Casa Gerardo ha cambiado porque también lo ha hecho su clientela: “Se ha perdido un poco de esa esencia de barrio. Los habituales se han ido haciendo mayores” y no han tenido el relevo entre los de su quinta. Ha cambiado “el perfil castizo que había” por una gente más joven y diversa, que busca “otras cosas”, cosas que ellos han sabido dar.

       
                                                       Textos recopilados por : A. Cobos Vargas





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