domingo, 9 de abril de 2017

Arboles singulares en Casa de Campo ( Madrid )




Ruta de los árboles singulares




La predilección especial que los urbanitas amantes de la naturaleza sentimos por la Casa de Campo, pues a píe o en bicicleta solemos encontrar verdadero placer en pasear en cualquier época del año por sus caminos y senderos, dejándonos llevar sin rumbo predeterminado o buscando intencionadamente la localización de este o aquel elemento de flora, fauna u orografía existente, así como algunas de las curiosas construcciones y restos históricos que contiene.

En esta ocasión propongo localizar los denominados “arboles singulares” de la Casa de Campo , aquellos ejemplares repartidos por su territorio merecedores del calificativo de singularidad por motivaciones diversas, como su peculiar aspecto, su altura, el diámetro de su copa, el perímetro de su tronco o su antigüedad). Estos árboles, de los que yo identifico aquí 16 (creo que hay alguno más, pero aún no he descubierto su señalización sobre el terreno) están señalizados con un cartel de madera, -similar al que ves en la foto adjunta-, en el que se indican las características más destacadas del mismo.

Sugiero que si te interesa hacer este paseo en un solo día lo hagas en bicicleta, pues el circuito es relativamente amplio y puede llevarte algo de tiempo completarlo (como referencia decir que en bici requeriremos unas 2,30 horas a pedalada tranquila e incluyendo breves paradas junto a cada árbol para su contemplación y lectura de la información respectiva contenida en el cartel).

Intentaré seguidamente dar pistas claras para localizar cada uno de los árboles singulares, aunque deberás poner ojo avizor sobre el terreno, pues no siempre te será fácil la localización de los carteles. Tómatelo como un juego de ginkana y disfrutarás adicionalmente del paseo.

El recorrido que propongo comienza en la entrada principal de la Casa de Campo, es decir, en la Puerta del Rey, y continúa por el lado derecho del Lago para coger el denominado Paseo de los Plátanos y más o menos en línea recta, pasar junto al Zoo para llegar a la otra punta del Parque, junto a la Puerta del Zarzón. Retomaremos desde allí el camino de regreso, desviándonos en algún momento brevemente para descubrir algunos árboles más. ¿Estamos preparados?. Pues entonces, estos son los árboles a buscar y las indicaciones para localizar los carteles que les identifican:
  1. Cedro del Reservado: Al entrar en la Casa de Campo por la Puerta del Rey, a la derecha, junto al antiguo Palacio de los Vargas, se encuentra el recinto del Reservado y al poco de entrar en el mismo, tras las casetas de obra actuales, se ve nuestro grandioso árbol sujeto por fuertes tirantes metálicos.
  2. Plátano Gordo:  Atravesamos el Reservado y salimos por su puerta alta, la que está más próxima al estanque del Lago. Bordeamos este por su parte derecha y, llegando a los primeros merenderos, lo veremos en el lado del agua.
  3. Taray del Humedal: Está en el gran aparcamiento de coches junto al Lago, lo que sin duda influye en su decrépito estado. Localízalo en el borde del aparcamiento más próximo a la carretera de acceso al mismo.
  4. Pino del Pinar de las Siete Hermanas:  Toma el camino asfaltado a la derecha del aparcamiento, -el denominado Paseo de Plátanos-, y todo recto , tras pasar una primera glorieta y las cadenas de la subida en coche al Teleférico (nuestro recorrido está cerrado a vehículos motorizados) encontramos a la derecha el Pinar de las Siete Hermanas.
  5. Cedro de la Glorieta de Los Caños: Continua recto por el camino asfaltado que traíamos, pasa la glorieta de Trillo (a la que volveremos a referirnos más adelante) y sigue por el camino de la izquierda hasta la siguiente glorieta, que es la nuestra. El árbol está en el centro y el cartel justo antes de la misma, a la izquierda.
  6. Encina del Puente de Hierro:  Volvemos por el camino que habíamos traído pero ahora, antes de llegar nuevamente a la Glorieta de Trillo giramos por la desviación que encontramos a la derecha y que nos aproxima a la carretera del Zoo. Nada más atravesar el llamado Puente de Hierro que cruza sobre el arroyo Meaques, veremos a la derecha nuestra hermosa Encina.
  7. Roble del Puente de Hierro:  Está próximo al anterior, a su derecha y cerca del arroyo.
  8. Fresno del Arroyo Meaques (árbol del Ahorcado):  Debemos ir hasta el Zoo y para ello, desde nuestra  posición anterior, seguiremos hacia la izquierda el sendero que hay junto al Roble y que nos lleva a un parque infantil con un curioso gran tobogán (¡quien fuese niño!). Continuamos por la izquierda y llegamos a la entrada del Zoo. Recorremos todo el frente del mismo hasta el final, en cuya esquina veremos los restos de una Ermita, y nada más doblar la esquina, dejando a la derecha la tapia del Zoo, veremos un ancho camino de tierra a nuestra izquierda. Podemos tomarlo o coger el sendero que hay a la derecha de este y antes del arroyo. Como a cuatrocientos metros encontraremos nuestro árbol (más facil de ver quizás si tomamos el sendero indicado).
  9. Encina del puente de la Culebra:  Seguimos avanzando por nuestro camino y al poco llegaremos al puente de la Culebra, construcción interesante de la que volveré a hablar en otra ocasión pues ahora como se dice vamos a Rolex, ¡Oh, perdón!, quise decir que vamos a árboles singulares, y el nuestro está frente al puente, junto al camino ancho antes mencionado.
  10. Encinas del Batán:  Cruzamos el puente y tomamos el camino asfaltado que, hacia la derecha, nos devuelve al Zoo. Pasamos nuevamente ante la entrada principal y seguimos recto por cualquiera de los senderos junto a la carretera (este tramo está abierto al tráfico) hasta que vemos, a la derecha y en alto el recinto de El Batán (donde se llevaban los toros antes de las corridas). Veremos el cartel al comienzo del área de aparcamiento que hay delante del recinto.
  11. Encina de la Glorieta de Trillo: En la intersección entre la carretera del Zoo y la que separa el recinto del Batán del Parque de Atracciones, tomamos el tramo que cruza por un puente de piedra el arroyo Merques y, al poco, estamos nuevamente en la Glorieta de Trillo. Nuestra encina está en el centro, pero el cartel lo debemos buscar junto a la indicación del árbol siguiente.
  12. Encina del Fraile:  Tomamos en la Glorieta de Trillo el camino asfaltado a la izquierda (dejamos en medio el camino de tierra que lleva a la puerta de Somosaguas). Es la antigua Carretera de la Ciudad Universitaria y justo nada más tomarla, a la izquierda, algo separada de la carretera, veremos la encina y el cartel.
  13. Encina de la Manzana: Avanzando por la carretera de la Ciudad Universitaria encontramos, tras unos 500 metros, una curva a la derecha y en la parte izquierda de la misma una explanada replantada (fue aparcamiento cuando los coches lo invadían todo) de la que sale un camino de tierra que lleva al Pinar del Santo. A la derecha de esta área encontramos la encina mencionada.
  14. Encina del Santo: Adentrándonos en esta antigua explanada por su lado derecho y llegando al final de la línea de pibotes existente, a la derecha, algo separada encontraremos esta hermosa encina (es la que se ve en la primera foto de esta entrada de blog).
  15. Pinar del Santo: Encontramos el cartel indicativo volviendo a bajar hacia la zona de la explanada, un poco hacia la derecha y junto al camino de tierra mencionado que lleva hasta el Santo.
  16. Pino del Embarcadero: Regresamos a la carretera asfaltada y desde ella a la glorieta de Trillo, tomando allí la carretera de la izquierda, que ya recorrimos y que nos llevará de nuevo, pasando por el pinar de las Siete Hermanas, hasta el Lago, pero esta vez siguiendo recto por el paseo de los Castaños, con lo que apareceremos en el aparcamiento por su lado derecho. Continuamos recto dejando el estanque a la izquierda (este último tramo de carretera está abierto al tráfico nuevamente, por lo que podemos optar por ir por uno de los laterales). Tras la curva en ese de la carretera, en la bajada encontraremos a la izquierda el pino mencionado. Finalizaremos nuestro recorrido saliendo ya, tras la recta junto al Reservado, por la Puerta del Rey en la que habíamos iniciamos nuestro circuito.
Si quieres algo más profesional, te recomiendo el mapa de la Casa de Campo y del Anillo Verde Ciclista (autores: Luís López Vázquez y Miguel Ángel Delgado) que se comercializa en tiendas especializadas en cartografía y libros de viaje. Creo que cuesta 7 euros.
Por último, indicar también que el Ayuntamiento de Madrid organiza de vez en cuando algunas visitas guiadas, entre las que se incluye la de árboles singulares del recinto. Hacerlo por tu cuenta, como yo he propuesto, tiene su encanto, pero seguramente con visitas tutorizadas por profesionales como la indicada profundizarás más en el conocimiento botánico y medio ambiental. 
Centro de educacion ambiental 
Casa de Campo
Dirección: Paseo Puerta del Angel, 1, 28011 Madrid
Teléfono:914 79 60 02
Tamaño: 1.722,6 ha
Inauguración: Se abrió como parque el 1 de mayo de 1931
Tipo: Parque público
Creación: Siglo XVI



Texto copiado de internet  y posterior editado     Copyright A. Cobos Vargas

lunes, 16 de enero de 2017

Bares de Madrid





Los mejores bares de toda la vida para tomar una caña en Madrid

      
  

Los bares de siempre están de moda. Hablamos con los responsables de algunos de los locales más míticos de la capital para saber cómo han conseguido ser fieles a su esencia y conquistar al público joven sin tener wifi.


Los mejores bares de toda la vida para tomar una caña en Madrid
Interior de la taberna El Maño.
Bodegas El Maño (Calle La Palma, 64)



Llegó a haber nueve bodegas El Maño. Ahora solo queda una en La Palma, 64.
 La actual propietaria, Marisol Muñoz, cuenta la historia. “El nombre de El Maño se lo puso su fundador, Francisco Martínez, a mediados de los años 40 del siglo pasado. Él se dedicaba a traer el vino de Aragón mientras sus empleados de confianza se encargaban de venderlo en las bodegas. Era una especie de franquicia de entonces”, explica Marisol. El vino se almacenaba en el sótano en tinajas y lo vendía en la parte superior, en el bar. Las tinajas ahora son parte de esa memoria del Madrid castizo que ha logrado conservar este y algún otro local de la capital.
Cuando Marisol llegó a El Maño llevaba un año y medio cerrado. Había pasado de unas manos a otras hasta que acabaron bajando la persiana. Fue una época “complicada” para Malasaña, a finales de los 80 y principios de los 90. A partir de ahí, La Palma se convirtió en lo que ahora es la calle Pez, la calle de moda del barrio de moda. Y ella aprovechó el tirón.
El Maño se convirtió en un sitio al que había que ir, ya fuera a tomar una caña, un vermú o a comer alguna de las raciones que ella misma prepara, y que son las mismas desde que abrió en el 94, y nada de cocina moderna.
 Aquí se comen bravas, albóndigas, pisto o “croquetas, que tienen mucha fama”.
El Maño “no es un bar de viejos, aunque hay gente mayor”. La mayoría del público “ronda los 30 años”, algo menos los fines de semana. Los clientes son, más o menos, los mismos que cuando llegó hace ya más de 20 años. “La gente es muy fiel a El Maño, por eso me gusta este sitio”, agradece.
No hizo una gran reforma cuando llegó y tampoco se plantea hacerla ahora. Mientras ella siga al mando, continuarán los mármoles, la escayola del techo, los espejos de las puertas, de las baldas de las bebidas… “Esa es la gracia, que no es un bar nuevo, de estos ya no los encuentras. No ha perdido la esencia”.

El Palentino.
Foto:
Laura Móvil / Cortesía de Tentaciones

El Palentino (Calle Pez, 12)
El Palentino es un clásico y uno de los pocos madrugadores de Malasaña. Dolores sube la persiana del bar a las siete de la mañana. Ella es vecina desde hace “50 años” y cuenta que el bar ha cambiado como lo ha hecho el barrio y, en este céntrico y podría decirse hípster barrio madrileño, quedan “seis o siete” vecinos de siempre y ya han perdido la costumbre de ir a merendar. Así que en El Palentino “todo es juventud” que llena el lugar hasta las dos de la mañana. Jóvenes, modernos y gente conocida. “Aquí viene todo el mundo y yo a la mitad no los conozco porque de verlos en la tele a verlos en persona hay mucha diferencia”, argumenta con el desparpajo que le da la experiencia de estar detrás de la barra.
Desde Esperanza Aguirre, a Eva Hache, Pablo Carbonell o Andrés Calamaro, hace recuento de a quiénes ha atendido al otro lado del mostrador de El Palentino, el típico bar de luces de neón, barra metálica y suelo de gres. Ha cambiado poco. “¿Para qué si así nos va bien?”, se pregunta. Y tiene respuesta: “Si lo cambias, lo matas”, asegura y aconseja a futuros propietarios.
Antes de que nada de esto pase, Álex de la Iglesia lo lleva al cine en su nueva película El bar, en la que El Palentino se llama El Amparo.
Y mientras Dolores hace repaso de la historia, ajena a la popularidad del establecimiento, un camarero le llama la atención por pararse a hablar mientras el bar va llenándose. Ella protesta ante la queja, que para algo es la dueña (junto a Casto Herrezuelo, hermano del marido de Dolores, Moisés) y la excepción en El Palentino, ella es la única de la familia que es de Mondoñedo. El resto, “todos palentinos”.
Bodegas Rivas (Calle La Palma, 61)
Julio Rivas Ortiz de Zárate fundó las bodegas a las que puso su apellido en 1923. 92 años más tarde, después de que la familia se desprendiera del negocio que durante un tiempo regentó Librado Martín Carrillo, un antiguo empleado de los Rivas, lo que Julio temía era que desapareciera lo que él había levantado con tanto esfuerzo. José Abreu, el nuevo responsable del establecimiento, le aseguró que aquello no pasaría. “Cuando Julio vuelve a sentarse en su bar, ahora al otro lado de la barra, reconoce la bodega como la de siempre. Estoy satisfecho con el cambio, porque hemos conservado el ambiente antiguo, pero adáptándolo a un nuevo tiempo”, sostiene el encargado de Bodegas Rivas en esta nueva etapa.
Las tinajas por las que suele preguntar Julio, que entonces servían para conservar el vino que después vendían a granel, ahora son parte de la decoración. El vermú ya no se prepara con las máquinas antiguas que guardaban en el sótano sino que se sirve de grifo. Y el silencio o el murmullo del paisanaje de otros tiempos se ha sustituido por la música de Beyoncé o Lady Gaga cuando cae la noche y los jóvenes llenan el bar. Algunos de los clientes de toda la vida suelen acudir aún por allí y recordar “cuándo se conocieron” o lo que han cambiado las cosas desde que Julio dejó la barra de una de las bodegas más tradicionales de Malasaña.
Pero sus nuevos dueños han querido conservar la tradición que heredaron de los fundadores añadiendo un toque de modernidad, “que la gente sienta que el negocio ha evolucionado”. Quien lo conociera antes y haya vuelto en los últimos meses apreciará la diferencia porque, entre otras cosas, “está todo limpio y hemos cambiado la iluminación de dentro y de fuera”. Todo, unido a una especie de “museo en homenaje a los cuerpos de seguridad que nos protegen, sobre todo a bomberos”, con utensilios e indumentaria.
En la oferta gastronómica también hay avances. Soldaditos de pavía o paella de tapa pero también hamburguesas o platos combinados, que estos también vuelven a estar de moda.

Bodega La Ardosa.
Foto:
Cortesía de Bodega La Ardosa
Bodega de La Ardosa (Calle Colón, 13)
Fundada en 1892 por Rafael Fernández Bagena, propietario de viñedos en La Ardosa en Toledo “está entre las cinco bodegas más antiguas de Madrid”, dice su actual gerente Víctor Díaz.
La marca La Ardosa llegó a tener más de 30 establecimientos. Ahora quedan tres y cada uno tiene un dueño diferente. Este, en al número 13 de la calle Colón, en Malasaña, es el más popular. Estar en una de las calles de moda, ayuda. Esto, sin embargo, es relativamente reciente. “De los 80 a ahora el barrio es otra galaxia”, cuenta Víctor que trabaja codo con codo con Ángel Monje, el propietario. Él y su familia, son parte de la historia del negocio. Su padre lo compró en 1970. Ángel, su hermano Rafael y su madre, Conchita, se pusieron tras la barra en el 79. Montaron el primer grifo Guiness de España. Y Sebastian, de la entonces República Federal Alemana, tiene el récord de entre los bebedores de La Ardosa por haber consumido 14 pintas en 3 horas y 22 minutos el 25 de agosto de 1989, reza un cartel entre la profusa decoración, compuesta por cuadros de toros, toreros, un farol y muchas botellas.
El que vaya por allí, que pida “un vermú o una cerveza y un pincho de tortilla o unas alcachofas”, que han recibido incluso premios, recomienda Víctor a su clientela “multiedad”, con mayores “de mañana y de tarde” y jóvenes “más de noche”, con turistas “y mucha gente del barrio” que acude a este local protegido con una atracción bastante particular: hay que pasar por debajo de la barra para llegar a la parte de atrás de la bodega. Es algo que hay que hacer con frecuencia porque La Ardosa siempre está llena. Tanto, que Ángel y Víctor se han expandido al local de al lado: ‘Casa Baranda’ donde lo típico son los vinos generosos. Abierta por Paco Manteca en 1919, estuvo cerrada “70 u 80 años” hasta que llegaron sus nuevos propietarios  y “con material centenario” la rescataron del olvido.
Taberna de Ángel Sierra (Calle de Gravina, 11)
Hace ya casi 20 años que Felipe Gallego regenta la mítica Taberna de Ángel Sierra, en la plaza de Chueca, exactamente en Gravina, 11. Era cliente del bar cuando Ángel Sierra (el hijo del fundador) falleció y durante una época lo regentó su hermana, Carmen y la viuda de Sierra Elvira. Era un lugar evidentemente “en decadencia”. A pesar de ello, a Felipe le gustaba. También a Pedro Almodóvar que lo eligió para una escena de La Flor de mi secreto.
Un día, Elvira, le ofreció a Felipe la posibilidad de que se hiciera cargo del negocio, y así fue cómo comenzó la nueva etapa de la taberna. Cuando el actual propietario quiso componer la memoria del bar, no lo consiguió en su totalidad. Elvira ya no vivía en su piso de la calle La Palma y Carmen Sierra había vendido el que tenía frente al bar.
Aun así, sabe que en 1910 aquí ya había una taberna cuyo dueño se llamaba precisamente como él, Felipe; y que en 1917 se la vendió a Ángel Sierra que, agraciado por la lotería, la reformó dándole el aspecto que ha mantenido hasta la actualidad. Compró los azulejos en La Cartuja de Sevilla y trajo la madera de Cuba.
Felipe perdió detalles de la historia pero hizo que el establecimiento recuperara el lustre. Invirtió un año en la restauración, “en hacer una obra de arte” con las pinturas, las maderas, los cristales serigrafiados, las lámparas, el suelo de la barra… “Le dio una alegría” y el público que tenía le aplaudió quedándose. Poco a poco fue añadiendo nuevo, más joven, de entre 30 y 40 años, “una juventud entrada en años, gente formal que da un ambiente muy majo”. Y así fue cómo “conservando todo lo que tenía puse la taberna en su tiempo”, cuenta satisfecho su dueño que aconseja tomar el vermú Iris que elaboran “de manera artesanal” en Reus para “muy pocos clientes”.
Vinícola Mentridana (Calle San Eugenio, 9)
Andrea D’ Ovidio, actor y director de teatro italiano, llegó a Madrid hace algo más de una década y se afincó en el entorno de Tirso de Molina. Poco después conoció Vinícola Mentridana, en el número 9 de la calle San Eugenio, bodega abierta en los años 20 por Manuel Calvino Martínez para vender el vino que traía de Méntrida, en Toledo.
Por aquellos tiempos, sin embargo, regentaba la taberna Unn, una mujer sueca. Ella le contó que cuando cogió el establecimiento, en 1999, tras una época en el que lo gestionaron varios miembros de la familia Calvino, quiso darle un toque personal. Le puso madera, llevó pinturas, esculturas y colocó tacones de zapatos por percheros. Así, con esa “combinación curiosa que permite reconocerle como un bar de toda la vida”, pasaron los años, con Unn tras la barra y Andrea como cliente. “Era mi bar. Donde pasaba las horas, acudía solo o con amigos… Hasta que un día la mujer quiso dejarlo y esperar tranquila la jubilación”. Andrea, que estaba algo cansado de su trabajo y acababa de recibir una herencia, lo vio claro. “Lo cogí porque estaba enamorado del sitio, no era un bar cualquiera”, cuenta. De ahí que mantuviera todo más o menos como lo dejó Unn.
Aunque la estética del local, dice, es algo más que la de un bar típico madrileño, puede que la mayor mezcla esté entre el público. “Puedes encontrar gente mayor de toda la vida del barrio y gente joven. Un grupo de guiris, una maruja y un grupo de modernos, gente del cine, del teatro, escritores…”, describe el actor metido a tabernero. “Eso es lo que siempre me ha molado de la Mentridana que tiene un toque bohemio pero de verdad”. Pronto podrán verlo en un anuncio de cerveza que acaba de rodarse en el interior.
Aquí, su dueño aconseja una tosta, la que prefiera el comensal, y una cerveza o uno de sus vinos, solo españoles. Ahora en invierno, un vino caliente tampoco es mala opción.

El interior del Benteveo.
Benteveo (Santa Isabel, 15)
El Benteveo es un escenario recurrente de la serie de TVE El ministerio del tiempo. “El bar tiene un rollo medio atemporal, como de los 70” y eso ha dado pie a que “se hayan rodado un montón de cosas”. También aparece en la película de Jonás Trueba, Los ilusos de 2013. Será por el “rollo” como dice Federico Herrera, uno de sus propietarios, o porque tienen cierta relación con el mundillo del cine. Otro de los tres socios del Benteveo, Alberto Ammann, ganó el Goya en la categoría de Actor Revelación por su actuación en Celda 211. De hecho, el Benteveo existe por él.
Federico, Alberto y Esteban Giampieri, un profesor de inglés, un actor y un contable, decidieron dejar Córdoba (Argentina) de donde son oriundos hace unos 15 años. Desde entonces quisieron montar algo juntos pero no fue hasta el día que Alberto les llamó y les dijo: “Chicos si quieren, ahora es el momento”. Y, desde luego, que quisieron. De esto hace ya cinco años.
Federico, quien repasa la historia del ahora Benteveo conocía el local y le gustaba a pesar de ser “un sitio difícil, abandonado y algo grasiento”. Preparaban una paella los domingos y solía parar por allí. Se llamaba Los Nogales y lo llevaba una familia desde hacía más de 20 años. Antes fue El Chuletar, creen por un cartel antiguo que encontraron. Y en algún momento de su historia fue una casa de putas, según contó uno de los vecinos mayores del lugar.
“El rollo estético que tenía cuando lo cogimos iba con nuestra idea” y decidieron mantenerlo más o menos como estaba. “Nos da pena ver sitios de toda la vida que se cambian totalmente porque así es como se va perdiendo la identidad de las ciudades”, piensan.
Retiraron la máquina de churros, la tragaperras, los azulejos, la encimera de la barra, cambiaron la iluminación, compraron mobiliario que podría encajar con la época a la que pertenece el bar, le pusieron música y lograron “un airecito nuevo”. Al principio consiguieron mantener a los parroquianos que seguían yendo a jugar al mus y al dominó, pero acabaron marchando. Llegaban nuevos tiempos y también nuevos clientes. “Coincidió con que la calle se puso mejor y empezaron a venir muchos artistas, matrimonios jóvenes, gente muy simpática para configurar una clientela muy guay”, describe.
Comen el lomito, un bocadillo típico de Córdoba, Argentina, que es un bocadillo de filete de ternera, queso, jamón, lechuga y tomate a la plancha; y beben cerveza, vermú y fernet, un clásico argentino. El nombre, Benteveo, también hace referencia a los orígenes de los tres artífices de la taberna. Es un pájaro muy típico en su ciudad y una palabra que “da juego” en la nuestra. Y ese era el objetivo.
Bodegas Lo Máximo (Calle San Carlos, 6).
En los años 50, Máximo abrió su bar, uno de los primeros de Lavapiés en los que empezaban a ponerse “gambitas” para acompañas a las cañas de cerveza y al vermú que el dueño fabricaba en el mismo local. “Es de los primeros bares de Lavapiés así, del estilo de Madrid”, cuenta Piluca Aranguren, una de las tres propietarias y cantante. Formaba parte de Amparanoia y ahora, de cuando en cuando, coge el micrófono y se sube al pequeño escenario que montaron en Lo Máximo y por el que pasaron, cuando la ley lo permitía, Manu Chao, Kiko Veneno, Fermín Muguruza, Macaco, Ojos de Brujo o Tonino Carotone.
Al nombre, Bodegas Máximo (después de él lo llevó su hijo, Paco, que había nacido en el bar y más tarde su mujer), le añadieron el artículo lo, que era lo que necesitaba para asegurarse el éxito. Era el año 2000, y aunque el bar “había decaído mucho”, Piluca, Mamen Fuertes y Elena Ros, que trabajaban en el bar de al lado, miraban a Máximo de reojo, pensando que dándole un buen lavado de cara conseguirían sacar adelante su bar que definen como “un espacio diferente dentro de un bar clásico”. Y lo hicieron. Conservaron parte de la clientela, incluso volvieron algunos que al principio no se fiaban del cambio, y se unieron los amigos y conocidos de las chicas. “Venía gente que tenía que ver con nosotras”: una cantante, una fotógrafa y una circense que han logrado que Bodegas Lo Máximo haya sido “un islote que se ha mantenido a flote”, a pesar de los vaivenes del barrio. Ahora que vuelve a cambiar, ellas siguen sin especializarse en un público o un estilo. Se puede ir “con buena compañía o solitario” a tomar “una caña madrileña”. Dice Piluca que el suyo es un “bar sin pretensiones en el que uno se siente como en casa”.

Casa Camacho.
Casa Camacho (Calle San Andrés, 4)
Miguel Ángel, Santiago y Jesús González Pérez son hermanos y propietarios de Casa Camacho. Antes, fue su madre, Gloria y antes que ella, hubo otra dueña. “Aquí fueron todas mujeres”, de ahí que el apellido Camacho se perdiera entre los sucesores de los fundadores. Miguel Ángel recuerda a Carmen Camacho Iglesias como la primera, pero “creo que hubo otra antes” porque antes de que abriera Casa Camacho en el número en 1929 ya había un almacén de aguardientes. Estos hermanos son la cuarta generación a cargo del establecimiento “y la quinta ya está en camino”, aseguran.
Cuando los tres llegaron, en 1980, la clientela empezaba a cambiar. Los protagonistas de la llamada Movida madrileña comenzaban a llenar los establecimientos malasañeros. De la misma forma, dejaron de ir los vecinos de siempre. El público mayor se reemplazó por uno mucho más joven. Y desde entonces, la clientela se “renueva” cada lustro, más o menos lo que tardan los estudiantes en acabar la Universidad.
Acuden a esta “taberna típica” cuya especialidad es el vermú de grifo. La bebida tiene varias particularidades. Una es que lo fabrican los mismos dueños únicamente para su local en una antigua fábrica de Reus. Otra, es el sifón que le añaden, hecho por una saturadora que lleva allí desde que abrió la taberna. Todas las noches llenan la máquina, la única que queda en la capital, de agua y al día siguiente “está concentrado”. Se ha producido anídrido carbónico y la mezcla sale a “18 atmósferas de presión”, lista para preparar el famoso ‘yayo’, cuenta Miguel Ángel; un cóctel a base del vermú, ginebra y gaseosa.
“El yayo con unas aceitunas es obligatorio”, recomienda uno de los dueños de este local que ha logrado mantener la estética y, como el anterior, también hay que pasar por debajo de la barra. En este caso, para el ir al baño. Solo uno, nada de uno para cada sexo. El tiempo aquí no ha impuesto la separación. Ha permanecido también la barra de estaño, los azulejos, incluso una botella de Terry de “4 o 5 litros”, con su malla de cuerda y su corcho lacrado que compró la primera dueña, quizá para celebrar la inauguración de la bodega.
Bar La Mancha (Miguel Servet, 13)
Si las paredes del bar La Mancha hablaran, no pararían de contar historias. Tras el cierre de La Bovia (puede verse con detalle en la película de Almodóvar Laberinto de pasiones) “este se convirtió en el bar de los modernos durante años”, recuerda Carlos Alcolea dueño junto a José Manuel Bautista de La Mancha desde 1986. En los primeros años iba “gente alternativa, de la Movida”, era un sitio donde podías encontrar “desde un punki a un político”. Ese ambiente “es lo que hemos intentado mantener solo que ha cambiado mucho y los punkis escasean pero políticos y alternativos siguen viniendo por allí”.
Cuando abrieron, Lavapiés era “un mal barrio”, ahora empieza a ponerse de moda. Aun así, La Mancha consigue conservar ciertas tradiciones adquiridas en estos años. “Las Nochebuenas y Nocheviejas se reúne aquí toda la clientela para felicitarse las fiestas”. Las noches de Reyes, sin embargo, ya no se pasan a base de cava. Las fiestas se les iban de las manos y tuvieron que dejar de hacerlas, aunque muchos aún las recuerdan y algunos siguen preguntando por ellas. “Fue divertido”, piensa Carlos mientras se acuerda de cuando montaban en la puerta un escenario para las fiestas del barrio y asiente: “Otros tiempos” que ha visto la clásica bodega que resiste desde 1935. Antonia y Manuel Arias Delgado fueron los fundadores de la bodega en la que vendían vino a granel y vermú de grifo.
Poco ha cambiado en La Mancha: se han mantenido los azulejos e incluso los cristales aunque algunos estén rotos. Es como si a través de ellos entrara aún la esencia del antiguo bar.
Casa Gerardo (Calle Calatrava, 22)
Gerardo regenta Casa Gerardo con su hermano Paco y su padre, el auténtico Gerardo. Éste último cogió la taberna en el 57 pero su historia se remonta a 1925. Gerardo, sin embargo, sabe cómo era antes de que lo empezara a regentar su progenitor. Era “un negocio donde se vendía vino a granel”, cuenta y como testigo quedan seis tinajas de cuatro arrobas y otras tres de 1.400 litros en un local que “hemos mantenido más o menos igual”.
Los propietarios lo conservaron entendiendo que “tenía el glamour adecuado”, con sus mesas de mármol, sus azulejos y sus cuadros del Atleti. Y eso, a pesar del paso de los años y de las costumbres. Porque el vino dejó de venderse a granel, luego llegó “la moda del cartón” y después el negocio se fue convirtiendo en algo mucho más sofisticado. “En la época de mi padre era impensable que alguien se tomara una copa de cava y ahora diez tipos de cava. Antes había dos o tres vinos y una cerveza. Ahora tenemos 50 referencias de vinos y 30 de cervezas artesanas, además del vermú de Reus y 30 clases distintas de quesos artesanos” que ampliarán a 80 en las próximas jornadas de queso que organizarán avanzado el mes de enero. “Hemos escuchado al bar y al cliente. Hemos estado abiertos y tenido iniciativa para probar cosas nuevas”.
Desde luego, Casa Gerardo ha cambiado porque también lo ha hecho su clientela: “Se ha perdido un poco de esa esencia de barrio. Los habituales se han ido haciendo mayores” y no han tenido el relevo entre los de su quinta. Ha cambiado “el perfil castizo que había” por una gente más joven y diversa, que busca “otras cosas”, cosas que ellos han sabido dar.

       
                                                       Textos recopilados por : A. Cobos Vargas





  copyright 2017 © A. Cobos Vargas





lunes, 12 de diciembre de 2016

Cascadas y Chorreras Guadarrama


10 Cascadas y Chorreras
En la Sierra de Guadarrama


Hay varios valles por el que discurren multitud de arroyos y ríos, como el valle de la Fuenfría, el de Valsaín, el del río Moros y quizás el más importante el valle del Lozoya, en muchos de estos valles hay una multitud de cascadas y chorreras donde disfrutar de la espectacularidad de estos maravillosos saltos de agua


La Cascada del Purgatorio en el Valle del Lozoya


Para llegar a este magnífico salto de agua hay que realizar una ruta de unos 6 kilómetros, una ruta realmente sencilla, tan solo hay algo de dificultad unos 200 metros antes de llegar a la Cascada del Purgatorio, la ruta comienza en el Puente del Perdón, justo en frente del Monasterio del Paular, desde allí una pista asfaltada que llega hasta “Las Presillas” quizás uno de los lugares de la sierra de Guadarrama más transitados por los madrileños en verano, tras dejar atrás estas piscinas naturales, el camino de tierra se va adentrando por un robledal hasta encontrar una bifurcación donde las señales nos indican hacia el Puerto de la Morcuera o la Cascada del Purgatorio.





La Chorrera de San Mamés



La Ruta a la Chorrera de San Mamés sale desde el centro del pueblo, aunque también hay un camino que sale desde la ermita de San Mamés, estos dos caminos se unen en una granja-quesería, allí, en las inmediaciones de la granja hay unos huecos para dejar el coche, nosotros optamos por esta opción, dejamos el coche en la granja y emprendimos la ruta desde allí, justo donde termina la granja hay un paso canadiense con una señal que indica que solo los vehículos autorizados pueden circular por allí, es una vía pecuaria que da acceso a explotaciones ganaderas a lo largo del camino, el camino discurre por una ladera salpicada de robles que poco a poco se van haciendo menos presentes, a lo lejos se puede ver un espeso pinar y entre los pinos y una pared rocosa se deja ver la chorrera.






El Charco del Hervidero en San Agustín de Guadalix

El Charco del Hervidero alimentado por dos cascadas que dejan fluir salvajemente el agua del río Guadalix, sin duda, la Cascada del Hervidero es un entorno muy bonito, digno de visitar y un buen lugar para hacer un picnic al run run del agua caer, parece mentira que podamos tener algo de tan exuberante belleza a tan pocos kilómetros de Madrid.

La Chorrera de Mojonavalle en Canencia


En el mirador de la chorrera de Mojonavalle nos juntamos unos cuantos senderistas y foteros que desde el mirador nos deleitábamos observando como se precipitaba el agua del arroyo del Sestil de Maillo a través de este salto de agua de casi 50 metros de altura, allí se podía ir rio abajo campo a través o tomar un sendero que tras un zig-zag vuelve al cauce del arroyo arropado entre abedules que en esta época del año están preciosos.







La Chorrera del Hornillo



La Chorrera del Hornillo es una cascada de unos 10 metros donde el agua del arroyo se precipita por la panza de un enorme canchal de granito suavizado y horadado por la acción erosiva del agua años y años, el lugar es espectacular y suele ser una de las primeras paradas de la ruta para contemplar el lugar, mucha gente de hecho camina hasta allí y se vuelve, nosotros proseguimos el sendero.

La Chorrera de los Litueros, el nacimiento del río Duratón

La ruta de subida a la chorrera de los Litueros es aparentemente sencilla, aunque nosotros nos confundimos al tomar la desviación que lleva a la base de la cascada más alta de Madrid, la ruta fácil se hace cogiendo un sendero que se abre paso entre los matorrales a la derecha justo al cruzar el arroyo de las Pedrizas, tras recorrer unos 400 metros nos encontraremos en la base de la cascada, pero nosotros pasamos por alto ese sendero, es más no lo vimos, no está muy bien indicado, y seguimos avanzando hasta que tuvimos que cruzar el arroyo que surge del salto de agua de la Chorrera de los Litueros, se puede decir que los primeros pasos del río Duratón, tras cruzarlo subimos un camino que sale a la izquierda, un camino con bastante desnivel, cuando tuvimos conciencia de que nos habíamos perdido decidimos adentrarnos por un sendero que conduce a la base del primero del os dos saltos de agua que tiene la cascada.

La Cascada del Arroyo de la Angostura en el Valle del Lozoya

El arroyo de la Angostura discurre perpendicular paralelo a la carretera que sube a Cotos (M-604) a un par de kilómetros del Monasterio del Paular se abre un camino que conduce hasta un restaurante donde hay una pequeña zona de recreo con parking, allí si andamos un poco llegamos hasta un puente de madera que cruza el arroyo sobre un pequeño salto de agua en una rocas, en la otra orilla, tras cruzar el puente hay otro restaurante donde se debe comer muy bien por el aroma a asados que desprendía su chimenea.

Las Pozas del Eresma en Boca del Asno

Boca del Asno, un área recreativa situada en el curso del río Eresma en la provincia de Segovia y muy cerca de la Granja de San Idelfonso, un área recreativa que muchos segovianos y madrileños elegimos para ir a pasar un día de campo en verano al fresco de la Sierra de Guadarrama y a la sombra de los pinos de Valsaín, allí hay muchas zonas donde bañarse, pero sin duda las mejores son los pilones que se forman en el barranco del río Eresma y que me recuerdan un poco a los pilones de la Garganta de los Infiernos en el Valle del Jerte.

El Chorro Grande de la Granja

Al cabo de un rato caminando llegamos hasta el arroyo de la Fuente del Infante, hay que cruzarlo para continuar hasta el Chorro Grande de la Granja, una vez cruzado este arroyo caminamos por una zona de baja vegetación sin apenas árboles, arbustos con espinas y muy tupidos casi engullían el sendero, como podéis ver desde aquella zona, antes de entrar en el último pinar donde se encuentra la base de la cascada se puede ver a lo lejos la ladera de la sierra y el agua discurriendo por ella, eso es el Chorro Grande de la Granja, 100 metros de caída dividida en dos secciones de roca.

El Chorro de Navafría


El Chorro de Navafría se ubica en la vertiente norte de la Sierra de Guadarrama a unos 1300 metros de altitud, para llegar hasta donde comienza la ruta hay que coger una pista asfaltada que sale de la carretera SG-612 que viene del Puerto de Navafría, allí se llega hasta un área recreativa donde hay unas piscinas artificiales que se llenan con las frías aguas del río Cega, en los meses estivales, el acceso a este área recreativa es previo pago de 4,5€ por coche y si no recuerdo mal 2,5€ por moto y 45€ por autobús, eso para dejar el coche en el parking, siempre se puede remontar el río Cega caminando desde el pueblo de Navafría, pero eso ya es otro cantar, nosotros hicimos la ruta fácil de 20 minutos que sale desde el parking del área recreativa, un cartel indica que la cascada está a 20 minutos y unos metros más a delante hay que tomar el camino de la izquierda, no te preocupes, hay un cartel indicativo, no hay perdida.







Fotografías de y textos recopilados `por....................Angel Cobos Vargas

                                                                         copyright 2016 © A.Cobos Vargas


martes, 15 de marzo de 2016

20 Pueblos de Madrid

LOS 20 MEJORES PUEBLOS


  DE MADRID Para RELAJARSE













PATONES DE ARRIBA


Anclado en una montaña y en el tiempo, este pueblo se mimetiza con el paisaje gracias a sus casas de pizarra y sus calles empedradas. El entorno es ideal si eres amante de la espeleología y escalada.

Muy recomendable: Visita el Ecomuseo de la pizarra y echa un vistazo a la antigua ermita, que hoy en día es la Oficina de Turismo. 





Da un paseo por la senda ecológica de 
El Barranco, que une Patones de Arriba y de Abajo.







ALCALÁ DE HENARES


Ciudad cervantina por excelencia, fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1998. El motivo no es otro que su monumental universidad y su recinto histórico, que cobra una belleza onírica por la noche.

Muy recomendable: Siente el paso del tiempo en la capilla de San Ildefonso, el recinto más antiguo de la universidad, y admira la belleza de la torre de la catedral. Disfruta de una obra teatral en el Corral de Comedias y pasea por la Ciudad romana de Complutum.













ARANJUEZ

Atravesado por el Tajo y el Jarama, Aranjuez cuenta con un paisaje cultural declarado Patrimonio de la Humanidad en 2001. Pasear por sus calles es sentir la realeza de su casco urbano, su palacio o los jardines de la Isla o el Príncipe.


Muy recomendable: Llega a la ciudad en el mítico Tren de la Fresa. Piérdete por las corralas típicas y, además de los edificios históricos, visita el Museo de Falúas Reales, la Casa del Labrador y los jardines que salpican todo el conjunto.







SAN LORENZO DE EL ESCORIAL

Ubicado en la sierra de Madrid, San Lorenzo de El Escorial destaca por su conocidísimo monasterio, monumento clave del renacentismo español declarado Patrimonio de la Humanidad. Si tienes tiempo, piérdete por sus jardines y rincones naturales.

Muy recomendable: Además del solemne e imponente monasterio, déjate llevar por el encanto del casco histórico, como la plaza de la Cruz. Tampoco te pierdas las casitas del Príncipe y del Infante o la silla de Felipe II.












BUITRAGO DEL LOZOYA

Con unas vistas casi irreales que retrotraen al viajero a tiempos medievales, Buitrago del Lozoya conserva íntegro y en perfecto estado su recinto amurallado. Fue declarado Monumento Nacional en 1931.

Muy recomendable: Disfruta del castillo, las murallas y el área recreativa del Riosequillo. Si además te apetece un plan cultural, el Museo de Picasso merece una visita.


En un marco natural incomparable, rodeado de arroyos y en pleno valle del Lozoya, se sitúa Rascafría, un pueblecito de la sierra que conserva casas encantadoras. Perfecto para una escapada por el Parque Natural de Peñalara.

Muy recomendable: Sin duda, el Monasterio de El Paular, primera cartuja del Reino de Castilla, la antigua Casa de Postas, el Puente de la Reina y los molinos de Bartolo, Briescas y el Cubo. Comulga con la naturaleza a través de la senda de la Cascada del Purgatorio.

LA HIRUELA

Pequeñito y encantador, a pesar de no llegar al centenar de habitantes, este municipio conserva la esencia de otra época. Puede sentirse en la antigua carbonera, el colmenar o su molino harinero.

Muy recomendable: Realiza la ruta De Molino a Molino y adéntrate en los frutales que se encuentran de camino a El Cardoso. Otra imprescindible es la de Los Oficios de la Vida, donde conocerás los puntos de interés etnográfico de La Hiruela.

NAVALCARNERO

Si algo destaca en Navalcarnero son sus plazas (Segovia, Veracruz, del Teatro), centros neurálgicos de la vida del pueblo, vibrantes y llenas de historia. Déjate llevar por el estilo castellano y prueba la olla del segador para recuperar fuerzas.

Muy recomendable: La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Monumento Histórico-Artístico y 
Bien de Interés Cultural. Entre plaza y plaza, visita el Museo del Vino, la Casa de la Lonja y la de la Cadena.

MANZANARES EL REAL

Protegido por La Pedriza, un impresionante conjunto de formaciones rocosas, Manzanares el Real cuenta con una de las vistas más bellas de la Comunidad de Madrid. El Castillo de los Mendoza es uno de sus estandartes, y de los mejores conservados.

Muy recomendable: Date un paseo por la Fuente de Las Ermitas, la iglesia Nuestra Señora de las Nieves, el Puente Viejo y el Museo Etnológico. También puedes caminar hasta el embalse de Santillana, la ermita de Peña Sacra o el nacimiento del río Manzanares.

NUEVO BAZTÁN

No es casualidad que el antiguo poblado sea Monumento Histórico-Artístico. Llama la atención su imponente y sobrio palacio, así como las diferentes plazas que salpican la localidad: plaza de la Iglesia, del Mercado y de la Cebada.

Muy recomendable: Además del palacio y la iglesia de San Francisco Javier, baja hasta las antiguas bodegas, donde descubrirás más detalles sobre la historia del municipio y el proceso de restauración del edificio y las tinajas.


Si buscas un plan realmente tranquilo en el que combinar naturaleza con buena comida, Montejo de la Sierra es tu sitio. La joya de la corona es el Hayedo, un lugar mágico situado en una Reserva de la Biosfera. Merece la pena visitarlo en otoño o en primavera, las estaciones más hermosas.

Muy recomendable: Tras recorrer el Hayedo, puedes disfrutar de puntos de interés en el pueblo, como el horno suspendido, la fuente del Arriero, la iglesia San Pedro en Catedra, el potro o el toril.

CHINCHÓN

La vida de Chinchón gira en torno a su espectacular plaza Mayor, en la que se celebraban ferias de ganado. Déjate embelesar por la tradición de sus soportales y balcones de madera, y no te pierdas las vistas desde la Torre del Reloj o la iglesia Nuestra Señora de la Asunción.

Muy recomendable: Disfruta de la belleza del siglo XVII en el monasterio de los Agustinos, hoy convertido en el Parador de Turismo, asiste a una representación en el teatro Lope de Vega y haz un recorrido por el castillo de los Condes y el de Casasola.

TORRELAGUNA

Su conjunto urbano fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional, y no es para menos: la iglesia catedralicia Santa María Magdalena y la plaza Mayor son pequeñas joyas que merecen ser visitadas.

Muy recomendable: El área recreativa de Valgallego -Villa de Torrelaguna es el escenario perfecto para un picnic de domingo. Callejea y descubre las casas tradicionales y palacios que hay diseminados a lo largo de la localidad (Salinas, Arteaga o casas de la plaza de la Montera).

PUEBLA DE LA SIERRA

Recogido y casi escondido en el Valle de la Puebla, este pequeño municipio es un remanso de paz ubicado en un anfiteatro rocoso. Su belleza salta a la vista: naturaleza frondosa y ríos cristalinos que lograron que la comarca en conjunto fuese declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco.

Muy recomendable: Para disfrutar de la localidad en su totalidad debes realizar alguna de las sendas, como la que te lleva al arroyo de Puentes Viejas, la circular al Collado Larda o la circular de la Torrecilla. También merecen una visita el edificio del ayuntamiento y la ermita.


Cercedilla vibra en verano, siendo el lugar escogido por muchos madrileños para disfrutar de sus vacaciones. Su entorno montañoso, su vegetación y su fauna son algunas de las razones que lo convierten en un lugar único para realizar una escapada. Y es que, ¿a quién no le gusta perderse entre bellos pinares?

Muy recomendable: El Museo del Esquí y la Fábrica de la Luz son dos de sus grandes reclamos. Si eres más de ocio y aventura, prueba el parque recreativo Las Berceas.

GARGANTA DE LOS MONTES

Lleno de casas tradicionales y construcciones relacionadas con la ganadería y la agricultura, este pequeño pueblo de la sierra te dejará maravillado con las rutas a El Cuadrón, Riosequillo o el monte Mondalindo.

Muy recomendable: Echa un vistazo a las iglesias de San Pedro Apóstol y Nuestra Señora del Pilar, así como a los potros de Herrar de Garganta y El Cuadrón. Si te apetece avistar una increíble panorámica del Valle del Lozoya, hazlo desde El Mirador.

COLMENAR DE OREJA

Este precioso municipio del sur de Madrid quizás sea el mejor ejemplo del pueblo en el que siempre hubieses querido veranear en tu infancia. Su casco urbano es Bien de Interés Cultural.

Muy recomendable: La colección de pintura del museo Ulpiano Checa es uno de los referentes culturales de la localidad. Además de su plaza Mayor, iglesia y ermitas, debes visitar la fuente barranco y puente del Zacatín, los jardines de los huertos y el conjunto de hornos.

TALAMANCA DE JARAMA

Atravesada por el río Jarama, esta villa cuenta con interesantes restos románicos y es rica en yacimientos arqueológicos. Destaca el ábside de la iglesia de San Juan Bautista y el puente romano en el arroyo del Caz.

Muy recomendable: Si eres un apasionado de las aves, te gustará saber que gran parte del territorio municipal coincide con la Zona de Especial Protección para las Aves. Pasea por sus calles y descubre sus murallas, la bodega del Arrabal o la cartuja.

SAN MARTÍN DE VALDEIGLESIAS

Los pinos, encinas y la multitud de aves que habitan en San Martín de Valdeiglesias, como el águila imperial o la cigüeña negra, son una buena muestra de la impresionante riqueza natural de la localidad.

Muy recomendable: El Bosque Encantado, con originales esculturas naturales, es una visita recomendable para toda la familia. No dejes de acercarte al castillo de la Coracera, así como a su iglesia y ermitas. Por si no lo sabes, San Martín es tierra de vinos, por lo que puedes degustar alguno en la bodega Las Moradas.

VILLAREJO DE SALVANÉS

Villarejo está capitaneado por un castillo del que sólo se conserva la torre del homenaje, restaurado y visitable. Las vistas desde ella es una de las cosas que no puedes perderte.

Muy recomendable: Descubre la relación que tiene el municipio con la Batalla de Lepanto, adéntrate en la Casa de la Tercia y visita el yacimiento arqueológico de Santa María o el Santuario de Nuestra Señora de la Victoria.





Fotografías de y textos recopilados `por....................Angel Cobos Vargas

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